Imagina que estás viendo tu serie favorita en la comodidad de tu sala. Imagina que lo haces desde tu televisión y sin ningún servicio de streaming de por medio –sí, nos cuentan que hay quienes aún hacen eso–. Imagina que llega el momento de los comerciales (y no le cambias de canal). Ahora imagina que puedes comprar el producto que te promocionan en tu TV (generalmente cerveza o una crema anti-celulitis), desde el mismo anuncio, usando sólo tu control remoto y  sin necesidad de moverte del sillón: a eso le llamamos T-Commerce.

Esta plataforma de ventas ha sido técnicamente viable desde hace algunos años. Existen series (Sons of Anarchy) e incluso cadenas enteras (History Channel) que han intentado convertir al espectador en comprador sin necesidad de usar otro dispositivo. Sin embargo, fue hasta hace poco más de un mes que el mundo de la publicidad se volcó sobre el T-Commerce, todo gracias a cierto anuncio de ropa interior que permitiría a los usuarios de Samsung comprar un par de boxers desde su SmartTV.

El concepto por sí mismo es bastante atractivo: Hoy, por ejemplo, podrías estar viendo los premios Oscar y comprar el vestido –o algo más accesible como los zapatos o… ¿el esmalte de uñas?– de la actriz ganadora sin perderte un solo detalle de su larguísimo discurso. El T-Commerce responde perfectamente a la tendencia publicitaria de encontrar al consumidor donde quiera que esté y atraerlo con un mensaje relevante para ese lugar y ese momento. Además, la información que arrojan hoy en día los televisores inteligentes permite crear segmentaciones mucho más efectivas para cualquier producto, gracias a ese adorado, muy mencionado, pero poco comprendido concepto llamado Big Data. Lo que ves en televisión dice mucho de ti y, creelo, nadie está más interesado en conocerte que un publicista.

A pesar de estas ventajas y los niveles de penetración de la televisión, el T-Commerce (a diferencia de su primo en nombre, el M-Commerce) parece no avanzar a ningún lado. Después del ardid publicitario del Super Bowl, no se ha escuchado mucho más acerca de la venta directa en televisiones. No hemos obtenido siquiera un comentario sobre los resultados del anuncio en cuestión y, a pesar de lo esperado, no parece haber más marcas dispuestas a invertir en esta clase de estrategias comerciales.

Probablemente esto se deba a que el mercado de televisores inteligentes es aún relativamente pequeño, con “sólo” alrededor de 87 millones de dispositivos comprados el año pasado a nivel mundial. Y, aunque se espera que este número continúe creciendo en los próximos años, todavía no existe una plataforma de T-Commerce que permita a un producto anunciarse y venderse en las distintas marcas de TV en el mercado. Como resultado, los posibles consumidores de este tipo de anuncios disminuyen todavía más, haciendo la inversión poco justificable para la gran mayoría de las anunciantes.

Además, debemos considerar la supuesta “muerte de la televisión”. A pesar de seguir siendo el medio con mayor presencia en prácticamente todo el mundo, Forbes reportó en el 2011 que, por primera vez, el porcentaje de hogares en Estados Unidos con una televisión cayó de 99% a 97%. No vamos a decir que la TV ha dejado de ser vital para la publicidad, pero sí podemos argumentar que este medio se está quedando atrás en términos de comunicación interactiva, lo cual repercute directamente en el impacto que del T-Commerce.

El problema más grande para las ventas por TV parece tener que ver con que las personas no están interesadas en comprar nada con su control remoto. Los usuarios a nivel mundial están más que habituados a comprar los productos que ven anunciados en televisión desde sus computadoras, tablets o incluso smartphones y, lo más importante, no encuentran problema alguno en cambiar de pantalla para hacerlo. El T-Commerce, entonces, parece quedarse como una plataforma redundante, que intenta responder a una necesidad inexistente.

En resumen, hay algo que aún se siente poco natural al navegar por internet desde una televisión y, aunque no nos atrevemos a desechar por completo el concepto de T-Commerce, el reto de brindar una experiencia integral y placentera al usar un televisor “inteligente” es muy grande y está lejos de superarse. Parece que tendremos que esperar unos años más para comprar ropa interior sin soltar el control.

Fuentes: Econsultancy, AdAge, Mashable

Imagen: Fast Company