Dicen que soy el fachoso, el distraído, el desordenado, el que odia más que nadie los bomberazos, el que siempre lleva la contra, el rebelde que voltea su escritorio y se niega a sentarse como los demás: el creativo. Soy el que se encarga de transformar las estrategias en ideas. También soy el que desarrolla esas ideas y las convierte en una realidad: una conexión directa y profunda entre la marca y sus consumidores.

Mi trabajo, puesto de la manera más sencilla posible, es generar mensajes claros y atractivos. Si el planner decide “qué” debemos hacer para mejorar una marca, los creativos nos encargamos del “cómo”. Y, sobre todo, buscamos diferentes “cómo” hasta llegar al correcto.

¿Y cómo llegas al “cómo”? Algunos dirán que a través de la inspiración, las musas o algún otro concepto místico–esquizofrénico. Otros mencionarán una cantidad increíble de cursos, técnicas y guías paso a paso aprendidas en los videos de TED Talks. La verdad es que todos ellos te están mintiendo, y al mismo tiempo te dicen la verdad. No hay una receta para la creatividad, pero tampoco se trata de sentarse y esperar a ser iluminado. No hay una manera específica de pensar “fuera de la caja”, porque en realidad no existen cajas.

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Aún sin recetas mágicas, siempre es importante conocer a fondo tu marca: sus objetivos, sus limitaciones, sus fortalezas e incluso sus detalles aparentemente insignificantes. Y lo mismo aplica para sus consumidores. Como creativo, debes entender a las personas detrás de los mercados meta, las segmentaciones y demás detalles técnicos.

Después… Ya lo dije, esto se trata de buscar. Videos, lecturas, música, conversaciones, juguetes, plantas, máscaras de luchadores. Orden o caos. Una fiesta o silencio total. Encontrar, en donde sea, las referencias y estímulos necesarios para despertar una idea. Intentar y fallar, emocionarte con algo y desecharlo, proponer y que se burlen de ti. Discutir. Defender. Ceder. Tropezarte y darte en la madre. Equivocarte hasta que por fin aciertes y veas tu idea hecha realidad. Crear, sin más rollo.

Dicen que soy el fachoso, el distraído, el desordenado, el rebelde sin causa, pero nada de eso es cierto. Soy el creativo. Si me visto, pienso y trabajo en libertad es porque esa es la mejor manera de llegar a una idea, de desarrollarla y tocar con ella a cualquier persona. No divago, exploro todas las posibilidades para cumplir las metas de tu marca. Y los escritorios volteados no son intentos de iniciar una revolución contra el mobiliario de oficina, son sólo la necesidad de encontrar inspiración en algo más que pintura y concreto. Trabajamos contra la pared para poder verte, entenderte y hablar contigo, sin barreras.

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